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pacohero

Poeta

Poeta:
Que seas sensible al calor de la luz de la luna,
y lo expreses bellamente,
me conmueve.

Mi sensibilidad no llega a tanto.

Tan sólo aspiro a ser sensible
a la injusticia que padecen los humildes,
a tener valor de gritar junto a ellos un ¡Ya basta!,
e ir hilvanando sus palabras
para abrigar a la esperanza.

Una disculpa por repetir la misma poesía. Aún no domino mi blog.

“Nuestro norte es el sur” o cómo atreverse a ver el mundo de cabeza

“Aquí abajo, abajo cerca de las raíces, es donde la memoria ningún recuerdo omite y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible.
Que todo el mundo sepa que el sur, que el sur también existe”.
Mario Benedetti

No puedo dormir, una duda me asalta y me levanto. Tomo el globo terráqueo y subo con él a la azotea. Diviso hacia la bóveda celeste y vuelvo la vista al globo terráqueo. Lo lanzo varias veces en dirección de las estrellas y al caer en mis manos siempre lo hace en posición diferente. No me explico porqué nos dicen que existe un Norte que es arriba y un Sur que es abajo. ¿Quién carajos decidió eso? Mis rudimentarias deducciones, en esta fría noche de invierno, sólo me dicen que hay un arriba, donde están las estrellas, y un abajo, en donde estoy yo. La única explicación que encuentro es que esa idea nos fue impuesta por los que durante siglos se han creído dueños del mundo, y por tanto, amos nuestros. Ellos, acaparadores de los principales centros generadores de conocimientos, nos han impuesto su visión del mundo y la mayoría de nosotros nos hemos tragado el cuento. Para someter a otro, es más cómodo tenerlo en el suelo y con la bota en su cuello.

"La Luna es un mundo como aquel, al que el nuestro le sirve de Luna”
Cyrano de Bergerac, El Otro Mundo.
Historia cómica de los Estados e Imperios de la Luna.
Introducción
“Dame el norte” decimos cuando queremos una orientación. A la palabra norte la tomamos como sinónimo de respuesta acertada. Qué tanto tiene que ver esa connotación con el hecho de que el norte coincide precisamente con las grandes potencias del mundo, mismas que a lo largo de varios siglos han acaparado el conocimiento y dictado la manera de ver el mundo. Porqué no decimos al revés: Dame el sur. ¿Acaso no puede también ser sinónimo de certeza?

En 1935 eso fue lo que hizo el pintor uruguayo Joaquín Torres García al utilizar como símbolo al mapa invertido del continente americano para sugerirnos ver la realidad desde otra perspectiva. Como latinoamericanos nuestro norte debe ser el sur, es decir, contemplarnos desde el propio lugar en donde estamos. Tal es la labor que se proponen hacer los comunicólogos Aram Aharonian y Jorge Enrique Botero, uruguayo y colombiano respectivamente, en la nueva empresa multinacional Telesur, que bajo el lema “Nuestro norte es el sur” saldrá al aire este mes de marzo en América del Sur.

Descripción de la situación comunicativa
Lo que me propongo analizar es el sentido profundo que adquiere el lema de la nueva televisora en nuestros pueblos latinoamericanos. De cómo ese proyecto de televisión responderá a la urgencia de vernos con nuestros propios ojos, y de acuerdo con nuestra propia realidad, dar solución a nuestros problemas. Para ello abordaré la relación que se da entre lengua e identidad y retomaré el viejo, pero muy vigente debate de la existencia o no de una identidad latinoamericana.

Desarrollo del tema
Hasta ahora las potencias capitalistas han utilizado a los medios de comunicación masiva como al Caballo de Troya. Aprovechando sus ventajas tecnológicas y la conducta servil o pasiva de los estados nacionales, nos han invadido hasta el último rincón de la casa. Los medios masivos de comunicación, particularmente la televisión, se nos han hecho tan familiares que en buena parte les hemos encargado la educación de nuestros hijos. Hasta ahora, salvo algunas excepciones, esos medios han sido instrumentos ideológicos de los dueños del poder e inculcadores de un pensamiento único, el de ellos, así como la estandarización de la cultura, todo ello obedeciendo a sus intereses económicos y políticos. A continuación expongo unos datos que muestran hasta que grado dependemos de juicios ajenos para contemplarnos y contemplar el mundo:
En la actualidad, el 80% de los programas audiovisuales que se producen en el mundo son estadounidenses, según datos que brinda el PNUD. Los países pobres, que representan al 75% de la humanidad, controlan únicamente el 30% de la producción de periódicos. Y de cada 100 palabras de información que se difunden en América Latina, 90 provienen de cuatro agencias de prensa internacionales: Associated Press, Reuters, France Press y EFE

En el avasallamiento que sufren nuestros pueblos todo es convertido en mercancía. Somos inundados con bienes de consumo y servicios que sólo se pueden canjear con pesos, al mismo tiempo que se nos despoja de recursos que nos permitieran mantener cierta independencia económica, el neolatifundismo que se esta dando después de la reforma al Artículo 27 constitucional es un ejemplo, y de todo instrumento que pudiera servirnos para tomar una decisión propia con respecto a las acciones políticas y económicas que repercuten en nuestros bolsillos.

No obstante que el neoliberalismo y su coro de intelectuales hablan del llamado fin de las ideologías, y mediante la llamada globalización luchan por imponer un homogéneo modelo cultural de consumo para su mejor explotación en el mercado, se topan con el fortalecimiento de múltiples procesos de identidad de los pueblos latinoamericanos, particularmente de los pueblos indígenas.

Nuestros pueblos están tomando la bandera de identidad al sentirse amenazada por la ofensiva de los grandes capitales trasnacionales. Bajo este entendido, la palabra identidad, sustentada bajo la idea de la conciencia social, está siendo considerada como un valor, como algo positivo y legítimo del que pueden valerse para su defensa. Esto significa que la idea de identidad se desarrolla más rápidamente cuando circunstancias económicas, políticas o sociales ponen en riesgo la integridad de una comunidad.

Lo expuesto arriba da cuenta de las causas por las que surge una televisora latinoamericana que se autoproclama estratégica y hegemónica a las trasnacionales mediáticas europeas y norteamericanas. Es una respuesta legítima de los pueblos latinoamericanos ante tanto acoso. Telesur le han dado por llamar una Al Jazeera bolivariana porque al igual que la televisora árabe se quiere “poner con Sansón a las patadas” y vaya que ha que ha mostrado fortaleza ese pequeño David ante el arrogante Goliat. La siguiente pregunta y respuesta ilustra muy bien la importante labor de los medios de comunicación que asumen un compromiso con sus pueblos: ¿Cuál es la diferencia entre los medios de comunicación de EE.UU. y Al Jazeera? Respuesta: los medios norteamericanos nos muestran cómo despegan los misiles, y Al Jazeera dónde caen.

La idea de identidad se desarrolla en un pueblo o comunidad sustentada en características que los hacen diferentes de los otros. Es decir, para que se desarrolle la idea de identidad se requiere de la existencia de los otros. Por lo tanto, la identidad no es un hecho estático sino un fenómeno en permanente cambio. De ahí que la frase: “Nuestro norte es el sur” habla de un ellos, el norte que se les ubica como a los países de la Europa occidental y a los Estados Unidos, y de un sur, un nosotros que abarca no sólo de México hasta Argentina, sino también a los países africanos y países de los otros continentes dependientes de las grandes potencias capitalistas. Y revivo la palabra capitalismo dentro de un ambiente intelectual que se niega a seguir hablando de esa palabra y para ello utiliza novedosas y exquisitas palabras. Creen que con sólo cambiar el discurso, la realidad se acomodara dócilmente a lo ahí expresado. Lo anterior no significa que yo niegue la transformación del lenguaje, mismo que debe cambiar ante la exigencia de mostrar los cambios en la realidad. Desafortunadamente el campo intelectual ha sido fuertemente influenciado por los ideólogos del neoliberalismo, que sumado a las incertidumbres que vivimos, ha sido más fácil (que no lo correcto) acomodar la realidad en un novedoso discurso.
Los latinoamericanos compartimos un extenso territorio y el predominio de dos lenguas de origen latino: el español y el portugués. La religión católica tiene también fuerte influencia. Si bien ambas lenguas y la religión fueron impuestas a nuestros antepasados por parte de los imperios español y portugués, estas no se practicaron de manera mecánica en los pueblos colonizados, sino que se tuvieron que adaptar y transformar en mayor o menor medida de acuerdo a la fortaleza cultural de cada pueblo colonizado.

Hablar de una identidad latinoamericana por el hecho de compartir un amplio territorio, lenguas de origen latino, una religión católica, así como parecidas condiciones de dependencia con respecto a las grandes potencias capitalistas no resulta suficiente. Diferentes factores han dado como resultado la construcción de una gran cantidad de identidades desde el norte de México hasta la Tierra del Fuego. No obstante, es legítimo hablar de una identidad latinoamericana sin por ello desconocer la diversidad cultural de nuestros pueblos. Lo propio no puede estar reñido con lo ajeno siempre y cuando exista reconocimiento, comprensión y respeto mutuo. Acaso no lo universal se construye a partir de lo autóctono ¿Por qué no construir una identidad dentro de la diversidad?

La identidad latinoamericana ha sido una utopía perseguida por diversos luchadores latinoamericanos. Un sueño que se viene acariciando desde los movimientos de independencia hasta nuestros días. La utopía, referente trascendental desde el que analizamos y evaluamos lo real en la perspectiva de la construcción de lo posible, orienta nuestros pasos para construir una identidad latinoamericana basada en el reconocimiento y respeto mutuo de la diversidad que existe en los pueblos latinoamericanos.

Nos dice Eduardo Galeano que los latinoamericanos llevamos más de 500 años entrenados para vernos con ojos ajenos. Los anteojos europeos o norteamericanos que muchos intelectuales latinoamericanos llevan puestos, no sólo los ha hecho miopes, sino que además les ha distorsionado su percepción de la realidad. Los tropezones y caídas que han sufrido algunos de nuestros hermanos latinoamericanos han sido dolorosos, pero también han servido para hacer añicos a esos pesados catalejos. Con nuevas miradas contemplan lo que les rodea y se dan cuenta de la múltiple e inagotable riqueza cultural de los pueblos latinoamericanos. Sacan del baúl de los recuerdos las experiencias y sueños de quienes les han antecedido y le inyectan nuevos bríos.

Los colonialismos español y portugués se caracterizaron por perseguir y negar a las culturas de nuestros pueblos originarios. Después de la independencia, los diversos gobernantes en turno siguieron el mismo esquema, mismo que continúa hasta nuestros días. Las lenguas indígenas que sobreviven, si bien han influido en el español, no han sido lo suficientemente fuertes para romper con esa hegemonía. A eso responde que no obstante que existen variantes dialectales en la lengua española de América latina, esta se conserve más homogénea en relación a su similar de los países europeos, lugar donde al convivir con otras diferentes y fuertes lenguas han tenido que transformarse más radicalmente.

No podemos olvidar los agravios que han sufrido nuestros pueblos a lo largo de su historia, más eso no implica negar que seamos nosotros el resultado de ese proceso. Un ejemplo de ello es la imposición que se hizo de la lengua española por sobre las lenguas indígenas. Un amplio porcentaje de latinoamericanos tenemos por única lengua al español, lengua que compartimos con los actuales habitantes del país español, descendientes de nuestros otrora colonizadores. Podemos decir que en ese largo proceso los pueblos latinoamericanos nos hemos apropiado legítimamente de esa lengua, la hemos enriquecido y adaptado a nuestra propia realidad. Significa que la lengua española, al ser compartida por casi 400 millones de hablantes, no puede, por ningún motivo, ser considerada propiedad de algún país en particular.

El ser latinoamericano constituye una marca de identidad, por muy difusa que esta sea. El hecho de que un amplio porcentaje hablemos español o portugués no hace que nos asumamos como españoles o portugueses. Telesur lo que busca es no sólo contribuir a analizar nuestro entorno en base a nuestra propia realidad, sino también el que ya no seamos nombrados por el “otro”, sino por nosotros mismos . Implica también revisar el propio colonialismo que ejercemos quienes hablamos español por sobre las lenguas indígenas y sus hablantes. Se requiere respetar y reconocer los conocimientos que han ido acumulando, lo mismo las comunidades indígenas como las populares, en donde sólo las culturas más fuertes han podido sobrevivir bajo condiciones adversas, sino que también les han dado un sello de identidad propio. Eso nos debe obligar a contemplarlos ya no como objetos, sino como sujetos, que poseedores de una experiencia propia, pueden y deben influir sobre la realidad para transformarla y transformarse a la vez.

Telesur, al proclamarse del sur, hace uso de una marca para que los demás nos demos cuenta quienes son ellos y cuáles son sus propósitos. Es lo que Valiñas nos dice al citar a Jakobson cuando habla de la función emotiva del lenguaje .

Telesur hace uso de la función referencial del lenguaje según el mismo modelo de Jakobson cuando ubica el contexto, a los participantes en el acto comunicativo, los temas, referencias y la manera explicita e implícita de lo que expresa. Telesur sabe bien a quién se dirige, cómo se dirige, qué dice y cómo lo dice haciendo uso de la función referencial del lenguaje del ya citado Jakobson .

Las lenguas existentes en el continente americano ninguna es mejor o peor que otra ya que son el resultado de complejos procesos socio-históricos y culturales de los pueblos que las emplean. Carlos Montemayor nos dice al respecto:

“Quizás sorprenderá a muchos saber que no hay idiomas superiores; que todos son sistemas lingüísticos definibles en los mismos términos, con el ordenamiento gramatical necesario para una compleja gama de comunicación abstracta, simbólica, metafórica, imperativa, lúdica, a partir de un sistema fonológico particular” .
Nada existe en el lenguaje humano y en nuestra identidad lingüística que no sea la resultante compleja de las relaciones y experiencias entre individuos, grupos y clases sociales. Por eso se señala que la lengua acerca a sus hablantes de ayer y hoy para de esta manera hacerlos sentirse participes de un grupo diferente a los demás, de algo que les da identidad, y por tanto, un lugar en el mundo. Poseedores de un lenguaje que les permite explorar y explicar su realidad y comunicarse entre si y con los otros. El lenguaje es una herramienta que recibimos como herencia por parte de la sociedad. Mediante él adquirimos el conjunto de sentidos y significados que conforman nuestra cultura y al hacer uso del lenguaje lo transformamos y transmitimos así a otras generaciones.

Conclusiones
En la lucha que libran nuestros pueblos en contra del avasallamiento de los que se creen amos del mundo es legítimo proclamar nuestras identidades para darnos orientar nuestros pasos y darnos calor en esta dura refriega. Recurrir a nuestras raíces se hace indispensable para no perder el equilibrio y caer. Lengua, religión, cultura, clase social y muchas otras identidades que no se contrapongan serán los espacios donde se recree y enriquezca nuestro espíritu. Ante el acaparamiento que hacen del conocimiento y tecnología las grandes potencias debemos responderle con la socialización de los saberes de los pueblos. Ahí, en lo muy hondo del corazón de nuestros pueblos está la respuesta.

Coloco el globo terráqueo en el suelo y me pongo de cabeza. No sólo es incomoda esta posición sino que también me desorienta. Me coloco de pie y pongo al mundo de cabeza. ¡Que sean ahora los gringos y europeos los que se desubiquen y sientan lo que por más de 500 años han sentido nuestros pueblos!
Me echo a andar hacia el sur, no voy solo, con las estrellas a mi lado me siento volar…
11 de marzo de 2005
Francisco Hernández Rojas"

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